lunes, 12 de diciembre de 2011

El Cartoonero: “Batata” Figueroa y los problemas de la adaptación (Fierro 62)


“En el comic Gatúbela tiene las tetas más grandes”, “En el original al Tío Ben no lo matan arrojándolo a un volcán”, “En la historieta Patoruzú no está interpretado por Facundo Arana”: Típicas quejas de los aficionados cada vez que una historieta es llevada a la pantalla grande.

Las dificultades intrínsecas de cruzarse de un género a otro, más la condescendencia con que el cine trata a la historieta suelen ser las causas de que aún no se haya visto una adaptación cinematográfica lo bastante precisa. Alfeñiques de 44 kilos interpretando a Batman, Cachorras con nariz y Kingpins afroamericanos son algunos de los disparates que hemos debido soportar. Tal vez el único intento respetuoso haya sido la fallida adaptación de “Dago” –que jamás vio la luz en las salas cinematográficas- intentada en el 2006 por Roberto “Batata” Figueroa.

Figueroa, oriundo del porteño barrio de Caballito, llevaba unos cinco años en Hollywood y había logrado una carrera bastante promisoria. Uno de sus cortos, “Electro Choripán”, había sido premiado en prestigiosos festivales internacionales y su firma era habitual en la dirección de algunos episodios de “E.R.” y “Boston Legal”. Y cuando una productora independiente le propuso llevar adelante su primer largo, se lanzó a cumplir el sueño de toda su vida: Adaptar al cine el cómic “Dago”, la recordada obra de Robin Wood y Alberto Salinas. Aunque una superproducción basada en un cómic desconocido en USA no era lo que tenían en mente los productores (ellos le llevaron el guión sobre una familia disfuncional que vivía en una estación de servicio), el entusiasmo de “Batata” era contagioso.

Fanático del cómic en general y la obra de Wood en particular (su hijo mayor había sido bautizado “Hattusil”), Figueroa se prometió a sí mismo que respetaría a rajatabla no sólo el relato sino los códigos del género. La primera preocupación de los productores ejecutivos vio la luz en la etapa de casting. Figueroa se negaba a contratar actores que no fueran idénticos a los personajes. Llegó a rechazar la posibilidad de entrevistar a Hugh Hackman –que estaba dispuesto a rebajar considerablemente su salario- simplemente porque “no daba el physique du role”. Cuando los candidatos empezaron a escasear, comenzó a entrevistar a no actores, hasta que encontró a “Slobo” Badovinac, un camionero de origen serbio de notable parecido con el personaje. Destinó una parte importante del presupuesto en impartirle clases de actuación, de italiano, turco y lucha con cimitarras.

“¡La historieta no era así!”

Este no fue el primer exceso de Figueroa. Al empezar la filmación, comprendió que era difícil trasladar al cine el código historietístico con fidelidad. Su principal objetivo fue conseguir la sensación de “bidimensionalidad” que tiene el cómic sobre papel (una búsqueda impensable en la actual “Era 3D”), para lo cual intentó con diversos efectos, incluido obligar a los intérpretes a actuar con la cara aplastada contra un vidrio. Pero este intento fue desechado ya que provocaba serias dificultades de dicción.

Los productores se mostraron consternadísimos con el monstruoso presupuesto dedicado al departamento de maquillaje, ya que “Batata” exigía que se pintara a los actores de pies a cabeza con un color que imitara el coloreado mecánico de la historieta, y además se dibujaran en su piel las rayitas y tramados típicos del Maestro Salinas. Pero Figueroa no se detuvo allí. Luego de leer el libro “Undesrstanding Comics”, de Scott McCloud, donde explicaba que una película era un cómic “muy lento”, donde cada fotograma era una viñeta, exigió a los editores que la película fuera cortada en fotogramas completamente separados y estáticos. Para ser fiel a “la estética del cómic”.

Durante el primer “screening” para los ejecutivos de la productora, éstos se mostraron escandalizados al ver una serie de viñetas sin sonido ni música, exactamente iguales al original y con los “globitos Columba” y parrafadas woodianas sobreimpresos sobre las imágenes. Sin embargo la principal protesta vino del propio realizador, que se levantó gritando “¡No! ¡No alcanza! ¡Nada que ver! ¡La historieta no era así!”

Al día siguiente Figueroa explicó que, para ser completamente fiel al cómic original, debían renunciar a proyectar la película en salas, y en su lugar debían imprimir los fotogramas elegidos sobre papel barato, encuadernado y distribuido en los kioscos. “Para que los fans no protesten”, se justificó “Batata”. Fue el punto final del proyecto. Sin embargo, Figueroa se las arregló para utilizar algo del presupuesto que quedaba para producir algunos “ejemplares” de su adaptación, que al día de hoy resulta ser indistinguible de la compilación de “Dago” editada hace algunos años.

“Por lo menos nadie me puede acusar de que el libro es mejor que la película”, declaró el realizador, que actualmente se dedica a filmar comerciales para grandes mueblerías.


Un fotograma de "Dago, the Movie".

8 comentarios:

El Gaucho Santillán dijo...

Bueno, me hubiera gustado que la pelìcula se haya filmado.

Este Figueroa es siempre asì? o estàs exagerando?

Saludos

Cesar dijo...

Resultaron maltratados animales?

Anónimo dijo...

Clap clap , por el texto , por colgarlo aqui y por darle bola a Casciari

El Vengador Pitufante dijo...

Muy bueno

MariaCe dijo...

Una obra maestra el fotograma! Casi casi juraría que me recortaron la Dartagnan o la El Tony que todavía guardo por ahi.

checly dijo...

uh, excelente! La película de dago sería un golazo. Sería más brutal que Spartacus. Porqué no la hace farsa?
Me extraña que batata no le haya ensartado una daga a “Slobo” para hacerlo más realista.

Bigote Falso dijo...

Golazo!
Ya estaba por agarrar las Fierro, fotocopiar todos los textos de “El Cartoonero”, hacerles agujeritos, atarlas con hilo sisal, escribirles con una bic azul en una hoja de computadora que oficie de tapa: “El libro que no existe de Podetti”, tirar una mantita en parque Rivadavia, y venderlos a 10 pesitos.

Nota: El titulo podría tener al menos dos lecturas; una, la más obvia, es que el libro no existe, un ñato sin ningún tipo de permisos se mandó a hacerlo. La otra, bueno, la otra piénsenla ustedes.

Mono Tremendo dijo...

Mirá vos, yo pensaba que Dago era un secreto que conocíamos unos pocos...Un gusto ver que somos tantos!!