jueves, 29 de diciembre de 2011

Los beneficios pedagógicos de la "Experiencia Pesebre" (Revista "SoHo" diciembre)



Como le ocurre a muchas personas, vivo mis Navidades actuales como un incordio absoluto. Desde hace unos años para mí es un trámite doloroso e inevitable que hay que pasar, como una moratoria de la AFIP o una colonoscopía.

Sin embargo tengo un recuerdo imborrable, mágico y maravilloso de las Navidades de mi infancia. Hasta soy capaz de recrear a voluntad mi “olor a Navidad” particular, consistente en un cóctel olfativo de espiral quemado, Turrochole (un exquisito chocolate crocante que mi abuela me regalaba TODAS LAS NAVIDADES SIN EXCEPCIÓN), vitel thoné y el desodorante de ambientes de la galería Gath & Chavez. La banda de sonido que acompaña esta recreación mental es el órgano de una propaganda de “Los Dos Chinos” –una de esas sensaciones pegoteadas para toda la vida quién sabe por qué. A pesar de que mis padres me habían aclarado con todas las letras que no existía tal cosa como Papá Noel (eran partidarios de la “vacuna preventiva contra la desilusión infantil”), la magia navideña se apoderaba de mí por completo.

La conclusión a la que llego invariablemente es que “la Navidad es para los chicos”. Por eso opino que el artefacto navideño más perfecto es el Pesebre: un objeto coleccionable en 3D, con muñequitos de colores y que introduce a los niños en una de las realidades más penosas e inescapables de la existencia.

No sé si alguna vez han llenado un álbum de figuritas. Yo no, pero me faltó una sola figurita para completar el álbum “Mix 3”. Era la 81 y aparentemente –no la vi jamás- representaba al Genio de la lámpara. Sin embargo no me arrepiento. Más allá de no ganarme la pelota n° 5, tengo la sospecha de que la sensación de Vacío subsiguiente hubiera aniquilado mi Espíritu a muy temprana edad. Desde que el hombre es hombre, su destino es vivir en el proyecto permanente. Todos conocemos la sensación de alcanzar el sueño anhelado durante años y cinco segundos después, pensar “Bueno, ¿y ahora qué? ¿Esto es todo? ¿Ya está? ¿Se terminó? ¡Quiero morir! ¡Morir! ¡Quiero abrirme el pecho con las uñas y arrancarme a mí mismo de mi prisión de carne y hueso! ¡Ahhhhhgghhhgghh!” Palabras más, palabras menos es lo que me pasa por la cabeza cada vez que arribo a una meta cualquiera; agarrar el colectivo a tiempo, por ejemplo.

Por eso es que iniciamos nuevos proyectos, y por eso también es bueno tener proyectos superpuestos y levemente desfasados de los que aferrarnos cada vez que tachamos el proyecto anterior, cosa de escaparle al Vacío Negro y Absoluto, Infinito y Devorador de Almas en el que –lamento revelándoles esto a la hora del desayuno- viviremos inmersos hasta que la Muerte nos salve de este tormento. Por eso nos casamos, tenemos hijos y redactamos nuestro discurso del Nobel incluso antes de ganarnos el Martín Fierro.

Aprender a convivir con esta realidad espantosa nos lleva todo nuestro camino hacia la adultez. Pero el pesebre nos tira un pantallazo: lo armamos el 8 de diciembre pero lo dejamos incompleto. Está la Virgen, está José, están los Reyes, el Burro, el Buey, la Ovejita y hasta algún dinosaurio aportado por los más pequeños de la casa. Pero falta –por lo menos en el armado de pesebres PRO-FE-SIO-NAL- el toque final, la última pieza, el clímax de la obra, el Pez Gordo, el gran orgasmo, el Santo Grial, el “Mac Guffin”, el Halcón Maltés, el premio mayor, el “cierre”, la papita: El Niñito Dios, que recién se coloca el 24 de diciembre. O sea, la figurita difícil. Hasta que no colocamos el Niñito Dios sabemos que falta algo, vivimos en la excitación y la embriaguez de la víspera, la espera, la expectativa. Que para un niño se resume en la siguiente incógnita: ¿Me irán a regalar el disfraz de Hombre Araña que pedí?

Entonces, ¡BAM! Llega el 24 y se acomoda el Niñito, explota el fiestón, vitel thoné, petardos, disfraz de Hombre Araña y todo el desfile. La embriaguez llega a su punto cúlmine y nos cuesta ir a dormir aunque sean las 2 de la mañana, (hora que a los 9 años es una trasnochada digna de un bohemio del París del siglo XIX). Ese Niñito Dios entonces significa la culminación de todos nuestros esfuerzos (¡tuvimos que ESPERAR como dieciséis días!!!!) Es la entrega del trofeo.

Por eso pocas cosas son tan DEPRIMENTES para un chico como el 25 de diciembre: Es lo más parecido a una resaca que hemos vivido hasta ese momento y una precoz sensación de Vacío. De pronto nos enteramos de que no hay nada que esperar (excepto el Día de Reyes, que yo creo que se inventó como una forma de aplacar este síndrome de abstinencia. Una dosis más pequeña del Furor Navideño-como esos tipos que al día siguiente de una tranca se toman un vasito de cerveza-, como para ir “bajando” a la realidad no-navideña de a poco).

La “Experiencia Pesebre” es un Taller para Niños de Horror Cósmico, que debería ser integrado a la enseñanza pública y obligatoria. Nos enseña que completar la colección tiene su Lado Oscuro –lo que tal vez evite como beneficio extra que en el futuro se conviertan en coleccionistas de muñequitos. Y al mismo tiempo, deja un lugar a la esperanza (emparentada con el Mito del Eterno Retorno): el año que viene llega otro álbum y otra figurita difícil garantizada, así que podemos enllenar este Vacío con el nuevo proyecto.

Propongo, para aquellos niñitos que no estén preparados para soportar la realidad del Vacío Existencial (viste que en este mundo hay de todo) un “Pesebre Cíclico”, compuesto por 365 figuras, que se empieza a armar el 25 de diciembre y en el que se va colocando una figurita por día.

Propongo como para dar el pelotazo inicial, aparte de los consabidos Reyes, Vírgenes, Josés, Burritos y Bueyes, otros posibles personajes: El Patito. El Perrito. El gatito. La Vinchuca. El Dueño del Pesebre (capaz en actitud medio amenazante, como que los viene a echar). Satanás, contemplando la escena horrorizado. La Partera. El Obstetra. El Tipo de la Obra Social que viene a preguntar cosas. El Gestor que viene al Pesebre a ofrecer la tramitación del DNI del Niñito Dios. (Complete, si quiere, la colección)

(Ilustración para la SH: Ariel Escalante)

lunes, 12 de diciembre de 2011

El Cartoonero: “Batata” Figueroa y los problemas de la adaptación (Fierro 62)


“En el comic Gatúbela tiene las tetas más grandes”, “En el original al Tío Ben no lo matan arrojándolo a un volcán”, “En la historieta Patoruzú no está interpretado por Facundo Arana”: Típicas quejas de los aficionados cada vez que una historieta es llevada a la pantalla grande.

Las dificultades intrínsecas de cruzarse de un género a otro, más la condescendencia con que el cine trata a la historieta suelen ser las causas de que aún no se haya visto una adaptación cinematográfica lo bastante precisa. Alfeñiques de 44 kilos interpretando a Batman, Cachorras con nariz y Kingpins afroamericanos son algunos de los disparates que hemos debido soportar. Tal vez el único intento respetuoso haya sido la fallida adaptación de “Dago” –que jamás vio la luz en las salas cinematográficas- intentada en el 2006 por Roberto “Batata” Figueroa.

Figueroa, oriundo del porteño barrio de Caballito, llevaba unos cinco años en Hollywood y había logrado una carrera bastante promisoria. Uno de sus cortos, “Electro Choripán”, había sido premiado en prestigiosos festivales internacionales y su firma era habitual en la dirección de algunos episodios de “E.R.” y “Boston Legal”. Y cuando una productora independiente le propuso llevar adelante su primer largo, se lanzó a cumplir el sueño de toda su vida: Adaptar al cine el cómic “Dago”, la recordada obra de Robin Wood y Alberto Salinas. Aunque una superproducción basada en un cómic desconocido en USA no era lo que tenían en mente los productores (ellos le llevaron el guión sobre una familia disfuncional que vivía en una estación de servicio), el entusiasmo de “Batata” era contagioso.

Fanático del cómic en general y la obra de Wood en particular (su hijo mayor había sido bautizado “Hattusil”), Figueroa se prometió a sí mismo que respetaría a rajatabla no sólo el relato sino los códigos del género. La primera preocupación de los productores ejecutivos vio la luz en la etapa de casting. Figueroa se negaba a contratar actores que no fueran idénticos a los personajes. Llegó a rechazar la posibilidad de entrevistar a Hugh Hackman –que estaba dispuesto a rebajar considerablemente su salario- simplemente porque “no daba el physique du role”. Cuando los candidatos empezaron a escasear, comenzó a entrevistar a no actores, hasta que encontró a “Slobo” Badovinac, un camionero de origen serbio de notable parecido con el personaje. Destinó una parte importante del presupuesto en impartirle clases de actuación, de italiano, turco y lucha con cimitarras.

“¡La historieta no era así!”

Este no fue el primer exceso de Figueroa. Al empezar la filmación, comprendió que era difícil trasladar al cine el código historietístico con fidelidad. Su principal objetivo fue conseguir la sensación de “bidimensionalidad” que tiene el cómic sobre papel (una búsqueda impensable en la actual “Era 3D”), para lo cual intentó con diversos efectos, incluido obligar a los intérpretes a actuar con la cara aplastada contra un vidrio. Pero este intento fue desechado ya que provocaba serias dificultades de dicción.

Los productores se mostraron consternadísimos con el monstruoso presupuesto dedicado al departamento de maquillaje, ya que “Batata” exigía que se pintara a los actores de pies a cabeza con un color que imitara el coloreado mecánico de la historieta, y además se dibujaran en su piel las rayitas y tramados típicos del Maestro Salinas. Pero Figueroa no se detuvo allí. Luego de leer el libro “Undesrstanding Comics”, de Scott McCloud, donde explicaba que una película era un cómic “muy lento”, donde cada fotograma era una viñeta, exigió a los editores que la película fuera cortada en fotogramas completamente separados y estáticos. Para ser fiel a “la estética del cómic”.

Durante el primer “screening” para los ejecutivos de la productora, éstos se mostraron escandalizados al ver una serie de viñetas sin sonido ni música, exactamente iguales al original y con los “globitos Columba” y parrafadas woodianas sobreimpresos sobre las imágenes. Sin embargo la principal protesta vino del propio realizador, que se levantó gritando “¡No! ¡No alcanza! ¡Nada que ver! ¡La historieta no era así!”

Al día siguiente Figueroa explicó que, para ser completamente fiel al cómic original, debían renunciar a proyectar la película en salas, y en su lugar debían imprimir los fotogramas elegidos sobre papel barato, encuadernado y distribuido en los kioscos. “Para que los fans no protesten”, se justificó “Batata”. Fue el punto final del proyecto. Sin embargo, Figueroa se las arregló para utilizar algo del presupuesto que quedaba para producir algunos “ejemplares” de su adaptación, que al día de hoy resulta ser indistinguible de la compilación de “Dago” editada hace algunos años.

“Por lo menos nadie me puede acusar de que el libro es mejor que la película”, declaró el realizador, que actualmente se dedica a filmar comerciales para grandes mueblerías.


Un fotograma de "Dago, the Movie".

lunes, 13 de junio de 2011

El Terrorífico Sótano de las Ilustraciones o Dibujos Irrisorios en Equipo

Encontré en este magnífico reportaje realizado al Sr. Fayó por la revista "La Duendes", una historieta que podríamos calificar de curiosidad histórica, o de mamífero desdentado -según quién la califique, un arqueólogo o un zoólogo. Se trata de una historieta o serie de historietas dispuestas en sentido vertical, que siguen una secuencia argumental lógica (una tras otra), realizada en equipo entre tres dibujantes y grandes amigos, en este orden: Pablo Fayó, yo y el emigrado Agustín Comotto.

lunes, 7 de marzo de 2011

Atrévase a Resistir la Censual e Hipnótica Danza de Perfilia, la Reina de la Censualidad

Merced al la intercesión del camarada Pablo Sapia, el diario "Perfil" me encargó un chiste para publicar en un suplemento de chistes sobre el Censo (casualmente, a editarse el día del Censo). Fiel a la técnica de enviar dos opciones para que una parezca mejor por comparación, actué en consecuencia. Por supuesto, eligieron el peor, aunque ahora no me acuerdo cuál era.

Este es el primero:



Y este es el segundo:



Y eso es todo.

lunes, 28 de febrero de 2011

La Galería de Fenómenos del Diabólico Dr. Cartoonerus

Bueno, ya juntè bastantes notas de "El cartoonero" como para compilar en algún lado sus correspondientes ilustraciones. Y qué mejor lado que éste.