martes, 14 de agosto de 2012

El Cartoonero: Batman, una relectura (Fierro 70)

El reciente estreno de “El Caballero Oscuro asciende”, la última peripecia cinematográfica del Hombre Murciélago ha despertado, como suele ocurrir, toda clase de reacciones, fanatismos y polémicas, algunas de ellas resueltas drásticamente con armas de fuego. Entre otras cosas, se discute qué puntos de contacto tiene esta relectura con otras relecturas del personaje, citándose desde Neal Adams a Frank Miller y Alan Moore: Que si esta versión es demasiado oscura, que si tiene un mensaje fascista, que si las orejitas le quedaron demasiado puntiagudas y otras profundas disquisiciones.

Por algún motivo, sin embargo, se obvia en estas discusiones la mención de la relectura que en el 2004 hizo el dibujante y guionista Simon Blasco. Debido a la brusca caída en las ventas que sufrió -entre el 14 y el 21 de julio- una de las 1.578 series que protagonizaba el personaje (“The Purple Sword of Batman”), los ejecutivos de la editorial decicieron que era hora de darle un “aggiornamiento” al personaje, una audaz movida que no se hacía desde mayo. Con no modestas pretensiones, pidieron a Blasco que hiciera con Batman lo que nadie había hecho hasta ahora, que le diera un tratamiento completamente nuevo tanto desde lo visual como desde el relato, que realizara un Batman que terminara con todos los Batmans de la historia y en lo posible que elevara las ventas un 430 %, cifra necesaria para cumplir con los objetivos del año fiscal.

Semejantes presiones (por no decir nobles miras artísticas) pusieron un poco nervioso al autor. Durante algunas semanas realizó cientos de bocetos, pero le parecía que estaba repitiendo fórmulas anteriores. Prácticamente todo parecía haberse hecho con el quiróptero: Desde mostrarlo como un anciano psicópata y violento a convertirlo en un parapléjico psicópata y violento, llevarlo a la época de los piratas, hacerlo pelear junto a Tarzán o un simpático duende, dibujarlo en estilo Manga o recuperar el espíritu “camp” psicópata y violento de la serie de los 60. Blasco se sintió tentado de matarlo, cambiarle el sexo o picarlo por una araña radiactiva, pero no estaba seguro de que no se hubiera hecho.

El dibujante comprendía que a esta altura había que romper con todo lo establecido sobre el Encapotado para llamarle la atención a los lectores, no digamos ya lograr las astronómicas ventas pretendidas por los ejecutivos de la editorial. Y así, tras una intensa investigación, dibujó diez páginas de la relectura más impensable del Paladín Enmascarado.

Cuando terminó de mostrar las magníficas planchas que había dibujado, un silencio lúgubre se apoderó de la enmoquetada oficina en el piso 17 de Broadway 1700, Manhattan. “Bueno, es lo único que no se había hecho hasta ahora. Lo único”, se justificó el dibujante. Blasco había convertido a Batman en un cómic autobiográfico. Es decir, un Batman con la cara del propio Blasco. Las primeras páginas mostraban al personaje –o sea, él- yendo al mercado, tomando el subte e incluso dibujando la historieta. Luego, abruptamente la historieta daba un giro y Batman vivía deliciosas aventuras junto a sus amigos Tobi, Memo y Anita, para luego convertirse en una serie de pictogramas medievales sobre molineros y, finalmente, reversionar al Hombre Murciélago como si éste fuera una lámpara que –como buena lámpara- no se movía ni hablaba durante exactamente ciento sesenta y dos viñetas. “¡Ustedes me pidieron una relectura! Más relectura que esto imposible”, casi gemía Blasco.

Los editores no podían decir que Blasco no hubiera cumplido con el encargo: efectivamente, esta relectura de Batman era completamente original, única, inesperada y, muy probablemente, terminaría con todos los Batmans hasta el momento y también con la franquicia y sus altos cargos y salarios. Por supuesto, tomaron la decisión que suelen tomar los norteamericanos en estos casos: Seguir adelante con el programa hasta el final aunque terminaran en la puta calle, pero de ningún modo cometer el sacrilegio de saltearse una etapa de un Master Plan.

No se puede decir que la serie haya resultado un fracaso. En realidad, no se puede decir nada en absoluto porque tras analizar la reacción del público (se ha hablado de accesos de psicosis colectiva e incluso casos de combustión espontánea) decidieron lanzar otra serie, diseñada por un equipo de psicólogos de la CIA, que a través de efectos ópticos especiales y mensajes subliminales muy específicos se encargó de borrar de la memoria de todos los lectores, de la sociedad y del propio autor todo recuerdo de los 17 números que se llegaron a lanzar al mercado (lo que no obstó para que le dieran a Blasco una contundente patada en el culo).

Y ese es el motivo, tal vez, de que el “Batman de Blasco”, la lectura más audaz del personaje, no se cite en polémica alguna.



Uno de los momentos más emocionantes del Batman revisitado por Simon Blasco