martes, 17 de julio de 2012

El Cartoonero: Arquímedes Tomasso, creador de la Dedicatoria Narrada (Fierro 69)

“A los lectores más jóvenes de esta columna les costará creerlo, pero hubo una época –previa a Internet, los blogs, Facebook- donde los dibujantes de historietas prácticamente no entablaban contacto con su público. Así, comunicarle a un dibujante que ‘su última historieta fue una reverenda garcha’ o que ‘una vergüenza cómo se vendió al kirchnerismo’ o tal vez que ‘cómo se vino abajo, antes era bueno, no entiendo por qué no me publican a mí en vez de a este chantapufi’ no se podía hacer a través de un ‘comentario’ virtual, sino que había que escribir una carta (en papel, y llevarla al correo, con todo el trabajo que ello implica) a la revista donde publicaba, o tal vez averiguar su dirección y allegarse hasta ella, con el riesgo de que el dibujante lo golpeara.”

La otra alternativa, claro, era verlo en alguna convención o feria de historietas. El “fanboy”, cohibido por hallarse en un lugar lleno de gente tal vez no podría darse el gusto de decirle a su héroe que “lo que está haciendo es una basura inmunda, debería retirarse de una vez, todos sus premios, publicaciones y honores me corresponden moralmente a MÍ! ¡A MÍ! ¡A MÍ!”, pero sí podría llevarse una dedicatoria del artista.

Esta iría acompañada por un “dibujo genérico”: Un dibujo del personaje fetiche del historietista, que multiplicaría por mil en una tarde, con tres variantes consecutivas, para que cada admirador se sintiera único y especial si se comparaba con el admirador de adelante o el de atrás.

La única excepción de esta “técnica” es tal vez la de Arquímedes Tomasso, mítico dibujante de Columba, encargado de dibujar los magníficos guiones de Robin Wood para la serie “Ameyaltzin, el Azteca”. Tomasso se tomaba el trabajo no sólo de realizar un dibujo único y personal para cada admirador sino que, a través de cada dibujo estaba inaugurando un género historietístico –y tal vez artístico- único en su especie: El “Relato Dedicado”. Cada dibujo-dedicatoria era, en realidad, una viñeta que formaba parte de una extensa historieta, que podría leerse entera si se recopilaran las 80.000 dedicatorias que realizó a lo largo de cuarenta años de trabajo hasta su repentina muerte debido a un ACV, en el año 1986 (con la sola particularidad de que al pie de cada viñeta figura la frase, por ejemplo, “para Corcho, con afecto, Tomasso”).

Una “Graphic Novel” revolucionaria

“Aparentemente Tomasso utilizó este recurso para contar las historias de Ameyaltzin, el Azteca, que Wood no quería contar. Y de paso, para difundir su ideología de izquierda revolucionaria, en una época donde era imposible expresarla públicamente”, cuenta Andy Pertierra, coleccionista, que a lo largo de veinte años de investigación logró juntar más de ¡diecisiete dedicatorias de Tomasso, incluso dos de ellas consecutivas! En ellas se ve a Ameyaltzin sirviéndose un cuenco de agua, y en el siguiente, bebiendo; una está dedicada a un tal José María, y la otra a su colega Dalfiume. Entre la fecha de una y la otra median seis meses, lo que da cuenta de la premeditación y planeamiento con que Tomasso estaba produciendo la historieta.

Pertierra agrega: “Me di cuenta de la trapisonda de Tomasso cuando analicé la dedicatoria que me hizo en la Feria de Lobos del año 1979. Además de la dedicatoria que amablemente me hizo –“Para Andy, con afecto, Tomasso”- Ameyaltzin figuraba en mitad de un discurso donde hablaba de la lucha de clases, la plusvalía y los medios de producción, conceptos que no terminé de entender hasta que cursé ‘Problemas Filosóficos’ en el CBC muchos años después. Comprendí que este parlamento –que además terminaba con puntos suspensivos- era parte de otra cosa, de algo más grande”.

¿Estaria intentando Tomasso enviar un mensaje en clave al lector de historietas argentino? ¿Tendría la esperanza de que sus admiradores se conglomeraran y luego de armar el rompecabezas se sintieran inspirados por su mensaje y se lanzaran a la lucha armada contra la dictadura militar? Esta última intención se desprende de una de las dedicatorias encontradas (“Con afecto, a Pelusa & Roberto, de su tío el ‘Arqui’”), en la que Ameyaltzin, desde lo alto de una pirámide habla frente al pueblo azteca y dice “¡Compañeros! ¡No olvidemos las enseñanzas del Che y la Revolución cubana! ¡Es hora de enfrentar al brazo armado de la oligarquía y el imperialismo mediante la lucha armada! ¡Es ahora o nunca! ¡Hasta la victoria siempre!”

Debido a la particular forma de compaginación elegida por Tomasso, es casi imposible leer el cómic completo. Sólo nos queda imaginar cuál hubiera sido el destino de la Argentina si su mensaje hubiera llegado con más claridad a los miles de lectores de historietas de su época, y especular si éstos hubieran dedicado a la causa revolucionaria la furia con la que discuten cuál es el traje más guachi de Linterna Verde.



La viñeta pertenece a una secuencia donde Ameyaltzin explica cómo hacer un Kalashnikov de fabricación casera