lunes, 10 de junio de 2013

El Cartoonero: Gunnar Eriksonn, el super-transgresor (Fierro 80)

La verdadera transgresión artística suele florecer en aquellas sociedades que tienen algunos problemas básicos solucionados. El under norteamericano o el movimiento de los Humanoides Asociados son propios del primer mundo: quien tiene el estómago lleno, puede más tiempo libre para la realización de experimentos estéticos.

Por eso es que tal vez pueda otorgarse el premio de “El Artista más Transgresor del Planeta” a Gunnar Eriksonn, un furioso dibujante de cómics de Estocolmo. Nacido en una familia bien establecida, padre oftalmólogo y madre editora de libros infantiles, el autor de Svenn, el Desagradable tuvo una infancia tranquila y sin mayores problemas, lo que prácticamente garantizó su talento para los relatos sobre marginales muertos de hambre, abusados sexualmente y adictos a las drogas duras.

Algunos de los cómics de Eriksonn fueron prohibidos en varios países de occidente, y su historieta Degradación (2007), cuyo argumento preferimos obviar, no ha encontrado editor que se atreva a sacarlo a la venta. Algunos de los allegados al artista han llegado a cortar su relación de amistad con éste luego de leerla, alegando traumas psicológicos leves. Coprofagia, canibalismo en vida, violación, genocidio, pedofilia e incesto son algunos de los temas más suaves que se tratan en el relato.

“Mi intención es darle un cachetazo al lector; sacarlo de su letargo”, comentó Eriksonn en un reportaje que le hicieron en el Hospital Rey Gustavo de Estocolmo, cuando se recuperaba de un linchamiento producido, por cierto, luego de “sacar de su letargo” a algunos miembros de su público, que no esperaban los escandalosos giros de su historieta Ratas & Heroína.

Durante el juicio que siguió al episodio, varios confesaron no saber qué les había ocurrido, para luego quebrarse y llorar mientras repetían como una letanía las horrendas peripecias que sufría Inga, la protagonista del cómic. Luego de leer en voz alta –y usando muchos eufemismos- el argumento de la historieta (y provocar descomposturas y accesos de ira entre los miembros del jurado), no sólo se absolvió a los atacantes del dibujante sino que por poco se repite el linchamiento en el propio juzgado (con el juez a la cabeza).

Los familiares de Eriksonn le rogaron que moderara el tono de sus obras, sin resultados a la vista. “No puedo evitarlo; ser provocador está en mi naturaleza”, explicó en otra entrevista, que culminó con un furioso puñetazo de su entrevistador. Meses después publicaba en Borg, una transgresora revista de cómics su nueva serie Nazis en mi casa, donde además de redoblar la apuesta en la temática (es imposible leer la escena del inflador del capítulo 2 sin vomitar) comenzó a experimentar con un dibujo más agresivo, retorcido, oscuro, por momentos ilegible (se habla de casos de estrabismo provocado). El capítulo 7, por ejemplo, no sólo cuenta algunos hechos de violencia y bajeza a través de un caos visual desolador, sino que el texto (“interminable”, según los críticos más benévolos) parece estar escrito por un mono subnormal, en un tamaño indescifrable y con una redacción degradante, incluso para aquellos lectores que entienden el sueco. En resumen, si la intención de Eriksonn era darle un puñetazo al lector, con esta historieta no le deja un hueso sano, le mete un dedo en el culo y después lo escupe. De verdad que dan ganas de ir a Suecia y recagarlo a trompadas.

El trabajito le costó a Borg el cierre, su editor quedó en la completa ruina debido a una serie de juicios y se cree que la violencia en Suecia aumentó un 42 % sólo por haber tomado contacto con esta historieta. Eriksonn era considerado en este momento “El Hombre más Odiado de toda Suecia”, lo que haría recapacitar al artista más salvaje.

Sin embargo, estaba decidido a dar un paso más: En su obsesión por provocar y agredir al lector, en el 2011, eligió al azar a un lector, un lector real, Bjorn Bergström, e inició una serie de cómics auto-editados (pero de notable tirada, contando para ello con la herencia de sus padres, recientemente muertos en un accidente automovilístico) llamada El Hijo de Puta de Bjorn Bergström, en la que relataba las miserias más ocultas de su víctima, y agregaba algunas nuevas y cada vez peores.

Gracias al hecho de que esta vez la agresión al lector estaba concentrada en una sola persona, la serie fue un éxito rotundo, y un ejemplo de cómo se puede desafiar las convenciones sociales y que te feliciten por ello.


Viñeta de Svenn, el Desagradable

domingo, 12 de mayo de 2013

El Cartoonero: Sambo, el Gorila Hombre, y el celo de los aficionados (Fierro 79)

Se cumplen este junio cincuenta años de la aparición de Sambo, Man-Gorilla, del Maestro Brian T. Drake. Su status de personaje de tercera línea de la DC no empequeñece su condición de clásico. Por eso es que aún hoy, mientras otros personajes han pasado por catástrofes, muertes y renacimientos, Drake continúa al frente de la serie, acompañada por un número importante de fieles aficionados. ¡Larga vida a Sambo!

El gorila que debido a un hechizo hudu (la magia negra de New Orleans) se transforma en humano de agilidad y fuerza prodigiosa ha vivido todo lo que puede vivir un superhéroe, y más: ha viajado a Marte, se ha casado y enviudado y hasta ha protagonizado más de un team-up con las grandes estrellas de la editorial (Superman, Batman y el Detective Marciano incluidos), pero siempre ha mantenido un dramatismo y una coherencia interna que lo destacan de entre sus congéneres.

Es cierto que a partir de los 90, tal vez por el manoseo de algunos guionistas (a partir del n° 688, el yerno de Drake, Milton Hernández. se hizo cargo del storyline de la serie) los más fanáticos descubrieron algunas pequeñas inconsistencias: Por ejemplo, en el n° 722, Sambo (en su forma humana) se pone una corbata amarilla, a pesar de que en el n°422 (“La Bruja de Brixton”) había comentado que por nada del mundo se pondría algo de ese color, por considerarlo “jinxed” (“yeta”). A este respecto, justamente, recuerdo haber enviado una carta a DC señalando este pequeño lapsus, que me fue contestado con amabilidad por el propio Drake de puño y letra (incluso con un dibujo autografiado del heroico gorila, que atesoro entre los papeles más preciados de mi colección).

No sé si por gratitud mi afición por el personaje se acrecentó; por eso mismo es que no pude dejar pasar otro lamentable error (en el n° 425), relacionado con la cantidad de veces que Sambo decía haber viajado al Polo Norte (“seis” en lugar de “catorce”). Ya en la era de Internet, escribí un par de mails al maestro Drake, que me contestó un poco desconcertado al principio (supongo que por efectos de la edad) y luego con una seca derivación a su yerno. Éste se mostró algo reacio a contestarme (por lo que me vi obligado a enviarle unos siete u ocho correos más) y finalmente me agradecía por la observación, aunque no le parecía un detalle importante.

Creo que es este tipo de descuidos los que no permiten que la historieta sea considerada una de las bellas artes. Como críticos, pero sobre todo lectores, tenemos EL DEBER de estimular a nuestros autores a que den lo mejor de sí.

Es por eso que a comencé a mantener una fluida comunicación con Hernández, al que enviaba quincenalmente una lista de los errores, inconsistencias, deshonestidades intelectuales e incluso problemas en la trama (y en el dibujo, por lo que también copiaba en mis mails al maestro). Reconozco que tal vez por esta misma cotidianeidad usaba a veces algunas expresiones demasiado familiares para juzgar su trabajo; el hecho es que después de un par de meses, en los que la “politeness” tan cara a los norteamericanos empezó a contaminarse de un indisimulado fastidio, sentí que la fluidez comenzó a ser unilateral. Ni Hernández ni Drake contestaban ya mis mails, y luego directamente lo hacían con groserías que no estaban a la altura de lo que se espera de un artista consagrado.

De nada sirvió que interviniera en cuanto foro, blog, cuestionario online o Facebooks de ambos autores para aportar mis críticas constructivas: Drake hasta me amenazó con “viajar hasta ese agujero latinoamericano donde vivís y sacarte las tripas a patadas en el culo” por una observación sobre una palmera medio mal dibujada. Ni siquiera tuvo la amabilidad de comentar el boceto que le envié para un posible rediseño del personaje (adjuntado en la nota).

La peor muestra de intolerancia a la crítica ocurrió en el 2008, cuando se homenajeó en San Diego al personaje por sus 45 años. A pesar del esfuerzo que hice en costearme hasta y molestarme en hacer una payasada disfrazado de gorila (festejada por los propios autores, que entre risas me hicieron subir al escenario), no tuvieron una actitud muy agradable cuando me quité la máscara, me presenté y les pregunté por qué en el último número, en la viñeta 7 de la página 10, Sambo parecía sufrir de estrabismo.

Aún tengo problemas para mover el brazo izquierdo y entiendo que Drake y Hernández no pueden salir del estado de Chicago debido a sus cargos por lesiones graves. Pero nada les impide continuar con su creación, que espero ansiosamente cada quince días.


Mi boceto para el rediseño de Sambo, del cual entiendo tomaron "prestados" algunos elementos

domingo, 7 de abril de 2013