sábado, 21 de abril de 2012

domingo, 15 de abril de 2012

El Cartoonero: ¡Adiós, “Kong”, adiós! (Fierro 66)

El mundo del cómic se viste de luto: El 27 de marzo nos dejó Al “Kong” Donaldson, leyenda viviente (hasta el 27 de marzo claro) de la historieta norteamericana, creador de Captain Reuben, Horald, Mister Master, Ava Naguilah e infinidad de personajes sin los cuales es muy difícil imaginar la historia del noveno Arte. Contaba con 103 años de edad.

Su partida ha dejado no un vacío, sino un verdadero cráter en la cultura del último siglo. Esta vez esta sección quiere rendir homenaje a Donaldson publicando las palabras de grandes protagonistas de la industria yanqui del comic-book que lo conocieron y admiraron:

“Con la partida de ‘Kong’ muere un enorme pedazo de la industria. Trabajé con él y desde el primer momento me impresionaron su creatividad, su libertad artística y su imponente contextura fìsica. No puedo decir que lo haya conocido mucho, ya que tenía un carácter difícil de penetrar y hasta de sobrellevar, como los grandes artistas. Salve, ‘Kong’, y sigue dirigiendo las peripecias de Captain Reuben desde el Cielo” (Stan Lee, guionista)

“Aún recuerdo la primera vez que vi entrar a Al a la editorial. A pesar de que sólo contaba con 14 años, sabía cómo imponerse, y más teniendo en cuenta sus 1.95 de estatura. Lo que le faltaba de técnica le sobraba de ímpetu, personalidad y seguridad en sí mismo: a los seis meses de trabajar como entintador de Bob Siegel ya había conseguido que le dieran un título, y no tanto por su talento –que lo tenía- como por su perseverancia y capacidad de persuasión” (Benjamin Duntz, ex editor de High Standard Comics)

“¡‘Kong’ era un caso único! No era especialmente buen dibujante, ni un excepcional guionista. Pero lograba transmitirle algo a sus cómics que los hacía increíblemente populares, algo difícil de definir o incluso de percibir. Yo mismo, que trabajé con él como fondista durante seis años en mis comienzos, nunca supe apreciar del todo su obra, que vista de un modo racional y objetivo parece increíblemente torpe. Pero un autor que ha logrado tanta repercusión está sin duda dotado de un genio muy especial” (Neal Adams, dibujante)

“Ahora que Neal lo dice, yo tampoco supe discernir muy bien el valor de Dopnaldson. Cuando era un chaval leía sus cómics y me parecían vomitivos, pero algo particular tenían, ya que un montón de gente que conocía hablaba de ellos con un entusiasmo increíble. Uno de esos artistas notables que uno debe reconocer –aunque sea para no enredarse en discusiones interminables- que ‘aunque no me guste, no se puede decir que sea malo’. En fin.” (Simon Bisley, dibujante)

“Es interesante lo que dice Simon, es interesante, muy interesante. Tengo que decir que durante los treinta y siete años que ‘Kong’ trabajó en DC mi vida fue una pesadilla. A mí me daba la impresión de que dibujaba con la polla, pero eso no se podía decir en voz alta. En primer lugar por el consenso generalizado acerca de su ‘particular talento’, y en segundo lugar porque ‘Kong’ tenía mal carácter. Muy mal carácter. Una vez quise señalarle alguna incoherencia en el guión de un Horald y no la pasé nada bien. Nada bien. Paró el ascensor donde estábamos viajando y.. (Pausa) No la pasé nada bien, nada bien.” (John-John Errugola, ex Secretario de redacción de DC)

“Mi trabajo con él no duró ni una semana. La fuerza física de ‘Kong’ era legendaria. No sólo era capaz de borrar con una goma los trazos de tinta, o de romper el papel por la fuerza que le imprimía: ¡DEJABA RAYONES EN EL TABLERO! Con la goma. Lo sé porque se me ocurrió elogiar cómo estaba vestida su hermana, que vino a visitarlo, y acto seguido, con una mirada bastante torva, me mostró lo que era capaz de hacer. Borrando una línea dejó un surco de arañazos en mi tablero, que parecía que hubiera sido atrapado entre los dientes de una jauría de chacales. No fui más, ni siquiera me atreví a buscar mis cosas.” (Jim Steranko, dibujante)

“Era un perro. Un perro sucio, maloliente y salvaje. Los abusos físicos que tuve que soportar mientras trabajé con él me dejaron traumatizado de por vida. La excusa podía ser un pincel sucio, o un parachoques mal bocetado. En cuanto a su ‘particular talento’, entiendo que pasaba noches enteras amenazando personalmente a familias de toda la Costa Este para que compraran sus asquerosos cómics. Es la unica explicación de su popularidad. Nadie me cree debido a mi condición, pero quiero recordar que estoy internado donde estoy debido a los años de maltrato de ‘Kong’. Escupo sobre su tumba y ojalá que se queme en el Infierno.” (Samuel Goldberg, ex ayudante de Donaldson)

Un artista que despierta pasiones y polémicas; pero que sin duda tiene un lugar de algún tipo en el panteón del cómic, y cuyo calificativo de “genio” es indiscutible, sea éste aplicable al caso que nos ocupa o no. ¡Adiós, “Kong”!


Con la partida de "Kong" Donaldson, Mr. Master no volverá a a manipular mentes

sábado, 7 de abril de 2012

domingo, 1 de abril de 2012

Tapa de la revista "¡Suélteme!" nº 5

Visita al arcón de los recuerdos: La tapa que hice para la "¡Suélteme!" nº 5, allá por el año del jopo (1999, para ser más precisos).

viernes, 16 de marzo de 2012

lunes, 12 de marzo de 2012

El Cartoonero: La lección de Paco, el Burrote (Fierro 65)

Se podría decir que la historieta tuvo sus años ’60 durante la década del ’80: Una enloquecida fiebre de vanguardismo, experimentación y obsesión por quebrar barreras estéticas junto a la cual las obras de Warhol –o de su hermana perdida, Marta Minujín- podrían pasar por cuadros de barquitos para decorar cuartos de hotel.

En España, donde publicaciones como Tótem, Comix Internacional, 1984, El Víbora y la edición ibérica de Metal Hurlant difundían las obras de Moebius, Joost Swarte y Dick Matena, reinaba el posmodernismo. Los autores del momento prácticamente no concebían una historieta que no hiciera referencia cultural a una obra preexistente o que no jugara con las convenciones del género. Aquel que no dibujaba una historia de agentes secretos retrofuturistas en el estilo de la línea clara de los 40, narraba herméticos relatos mudos o ilustraba con montajes fotográficos sus visiones de LSD. Todo contenía ironía, referencialidad y doble lectura y era extremadamente confuso.

En este contexto el crítico Jordi Courreilles estaba en el pináculo de su carrera gracias a los sesudos artículos que publicaba en el suplemento cultural de La Vanguardia. Entre sus descubrimientos figuraba el universo referencial de Daniel Torres y los estilos, también llenos de referencias culturales, de dibujantes como Gallardo y Max. “Max toma en sus manos los mundos sexual y polìticamente reprimidos de Hergé y James M. Barrie y los transforma, merced a la alquimia de su pincel, en una galaxia nueva basada en el sexo, la violencia y sobre todo la multirreferencialidad, donde caben tanto Elvis Presley como Conan el Bárbaro”, decía, sin atragantarse, acerca del muy ochentoso cómic Peter Pank. Leyendo El Niñato, la obra de Gallardo y Mediavilla, se relamía de este modo: “Gallardo y Mediavilla toman los universos de Popeye, Robert Crumb y Francisco Ibáñez y a través de la violencia y la referencialidad múltiple los convierten en una experiencia completamente diferente”.

Algunos autores se quejaban de que ya no había forma de tener cierta repercusión a menos que uno hiciera una referencia a algo o rompiera con algún código establecido. Resentido con el crítico, un dibujante bastante conocido le envió a Courreilles un pequeño libro que recopilaba las historietas de Paco el Burrote, del gallego Manuel Sánchez, acompañado de una carta que dedía “Fíjate Jordi, qué vanguardista es este tío.”

Los problemas del análisis literario

El análisis de la obra de Sánchez lo desquició por completo. Al principio creyó no entenderla. Luego, supuso que las chabacanas humoradas de Paco el Burrote estaban escritas “irónicamente”. Pero por fin, estudiando la obra en más profundidad (lo que, según cuentan sus familiares cercanos, empezó a ocupar cada vez más tiempo de su jornada diaria), estalló de entusiasmo. Transcribimos un fragmento de la crítica que Courreilles intentó enviar a La Vanguardia:

“Paco el Burrote, a diferencia de otros tebeos modernos, no juega con la referencialidad de obras ajenas. El inmenso Sánchez, al hacer por ejemplo ese chiste aparentemente burdo donde Paco se tira un pedo y su novia se desmaya, está realizando una referencia a su propia historieta, y la hace, además, simultáneamente a la historieta que está transcurriendo en ese momento. Esta es la genialidad del autor manchego.”

El éxtasis de Courreilles no terminaba con ese hallazgo: “Porque además Sánchez –según la exhaustiva lectura que estoy haciendo- también es capaz de hacer referencia a esa primera referencia, detectable también al mismo tiempo y exactamente en el mismo lugar físico que la primera. Sólo que otra. Y esto no se termina ahí: Desde que he empezado a analizar –sin prisa pero sin pausa- a Paco el Burrote, ya he detectado 12.678 referencias superpuestas a las otras referencias, todas todas todas incluidas en la primera página del libro. De hecho me gustaría poder seguir leyéndolo, pero me temo que no puedo, hasta no llegar a la última capa de autorreferencialidad de la primera secuencia, una tarea que se me está haciendo cuesta arriba.” Y agregaba, con angustia: “También me gustaría parar de encontrar referencias para hablar con mis hijos. O dormir. O comer.”

El artículo llegó a ocupar unas 3.800 páginas, lo que explica que nunca fuera publicado en el periódico. Un párrafo de la página 3.230 da algún indicio de la fuerza que llevó a Courreilles al manicomio: “Me asalta la duda de si Sánchez en realidad no está haciendo ninguna autorreferencialidad, sino lisa y llanamente ua historieta, pero para un hombre en mi posición esa idea resulta incomprensible y aterradora.”


Paco el burrote, un personaje cargado de autorreferencialidad extrema

martes, 6 de marzo de 2012

El Síndrome del Anciano con Viagra Cinematográfico (El Guardián n° 55)

Los lugares comunes son duramente criticados por comunes, pero no por inverosímiles. Así es como si bien nos fastidia ver en el cine o la tele la repetición de tópicos como el Policía Corrupto, el Drogón Cabeza Hueca, el Empresario Corrupto, la Ex Esposa Resentida, el Político Corrupto o el Cordobés que se Cree muy Gracioso, no podemos sino confesarnos que conocemos a alguno de estos ejemplares de la vida real, o varios.

Tomemos al Anciano con Viejazo, un personaje bastante pintoresco y que en la Era Viagra se ha multiplicado como la peste. El tipo se rebela contra su condición de abuelito inofensivo y quiere mostrar a toda costa que “a este trabuco naranjero aún le quedan un par de perdigones”. El Anciano con Viejazo es chistoso porque trata de hacerse el moderno y –ahora que puede hacer algo con ellas- levantarse minitas diciendo (siempre en forma errónea o desajustada) palabras como “chat”, “blackberry”, “tkm”, “piercing en el pito” y entremezclarlas con términos vetustos como “Ferro quina Bisleri” o “Tirame las agujas, manso”. Pero no quiere dejar de hacer bandera con la leyenda y el encanto de los tiempos pasados: y por eso hace gala de su Camaro de colección o de su entrada al garaje con adoquines coloniales. El Anciano con Viejazo lo quiere todo: Respeto a su historia, autoridad y canas, y demostrar que sabe dominar las últimas tecnologías como el más canchero preadolescente.

Lo que jamás hubiéramos imaginado es que este síndrome podría afectar a los próceres más marmóreos del cine internacional. El gran Martin Scorsese, el Martin Scorsese que en algún momento decidió que una de sus mejores películas fuera en blanco y negro, ahora se quiere hacer el péndex usando 3D a troche y moche en La Invención de Hugo Cabret. Pero para que no lo confundan con un imberbe superficial amante de los robots tipo Michael Bay, lo hace homenajeando a Georges Meliés y sus efectos especiales antediluvianos, como diciendo “¡Yo uso 3D, querido, pero sé que el cine es mucho más que la computadorita que usan los pendejos de ahora, qué Transformers ni qué Transformers!”. Así se apropia del maquinismo innato de la juventud, sin bajarse de su condición de patriarca sabio y artesanal. ¡El pan, la torta, la chancha y los veinte en un mismo cocktail de Red Bull y Gerovital!

Otros provectos cineastas que se han embarcado en el mismo tren son Steven Spielberg, que en Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio usa el 3D para recrear una historieta del año del jopo -literalmente hablando. Y el madurito Tim Burton, que quiere ser un viejo infantilizado desde los 20 años: ¡En la pronta a estrenarse Frankenweenie mezcla el 3D con el blanco y negro y el stop motion de King Kong! Retro 2 - Tiempos Modernos 1.

El peor caso de retrotresdimensionismo, sin embargo, es el protagonizado por el jubilado teutón Werner Herzog en La Caverna de los Sueños: El tipo te usa el 3D para mostrarte pinturas rupestres. Pará, te fuiste al carajo. O sea, es como que dijo “¿Cómo puedo ser más anacrónico y artísticamente retrógrado posible? ¡Ya sé, ya sé!”. Y lo mejor es que seguramente no tuvo que pagar derechos, porque sus autores llevan muertos más de 100 años. Mínimo.

¿Por qué esta obsesión por el 3D de nuestros patriarcas cinematográficos? Me temo que el motivo es bastante prosaico y no hace falta un Freud para desentrañarlo. La pantalla del cine es el símbolo fálico de los directores, el miembro masculino con el que penetra nuestros sentidos e introduce su esperma intelectual en nuestro cerebro. Bueno, el 3D es su enorme y poderoso Viagra (o una prótesis peneana, si quieren ser más brutales). No sólo nos penetra a través de los ojos. ¡Penetra nuestro espacio personal! A lo largo de los años hemos visto cómo los cineastas han hecho todo lo posible para poseernos con efectos de sonido y visuales cada vez más invasivos y embrutecedores; con el 3D han llegado a su clímax (en todos los sentidos posibles). La única instancia superadora a esto que se me ocurre es que las películas vengan directamente con un pene, un pene de verdad que se erecte desde la pantalla, el Penevisión©, con el que se abuse de nosotros en una forma mucho menos metafórica.

Así que los dejo con esta reflexión: la próxima vez que vayan a ver una película en 3D dirigida por una leyenda del cine, sean conscientes de que están siendo penetrados por un anciano con plata y Viagra. Lo mínimo que deberíamos pedir es que nos pongan un pisito en Libertador.