viernes, 21 de septiembre de 2012
viernes, 7 de septiembre de 2012
domingo, 26 de agosto de 2012
martes, 14 de agosto de 2012
El Cartoonero: Batman, una relectura (Fierro 70)
El reciente estreno de “El Caballero Oscuro asciende”, la última peripecia cinematográfica del Hombre Murciélago ha despertado, como suele ocurrir, toda clase de reacciones, fanatismos y polémicas, algunas de ellas resueltas drásticamente con armas de fuego. Entre otras cosas, se discute qué puntos de contacto tiene esta relectura con otras relecturas del personaje, citándose desde Neal Adams a Frank Miller y Alan Moore: Que si esta versión es demasiado oscura, que si tiene un mensaje fascista, que si las orejitas le quedaron demasiado puntiagudas y otras profundas disquisiciones.
Por algún motivo, sin embargo, se obvia en estas discusiones la mención de la relectura que en el 2004 hizo el dibujante y guionista Simon Blasco. Debido a la brusca caída en las ventas que sufrió -entre el 14 y el 21 de julio- una de las 1.578 series que protagonizaba el personaje (“The Purple Sword of Batman”), los ejecutivos de la editorial decicieron que era hora de darle un “aggiornamiento” al personaje, una audaz movida que no se hacía desde mayo. Con no modestas pretensiones, pidieron a Blasco que hiciera con Batman lo que nadie había hecho hasta ahora, que le diera un tratamiento completamente nuevo tanto desde lo visual como desde el relato, que realizara un Batman que terminara con todos los Batmans de la historia y en lo posible que elevara las ventas un 430 %, cifra necesaria para cumplir con los objetivos del año fiscal.
Semejantes presiones (por no decir nobles miras artísticas) pusieron un poco nervioso al autor. Durante algunas semanas realizó cientos de bocetos, pero le parecía que estaba repitiendo fórmulas anteriores. Prácticamente todo parecía haberse hecho con el quiróptero: Desde mostrarlo como un anciano psicópata y violento a convertirlo en un parapléjico psicópata y violento, llevarlo a la época de los piratas, hacerlo pelear junto a Tarzán o un simpático duende, dibujarlo en estilo Manga o recuperar el espíritu “camp” psicópata y violento de la serie de los 60. Blasco se sintió tentado de matarlo, cambiarle el sexo o picarlo por una araña radiactiva, pero no estaba seguro de que no se hubiera hecho.
El dibujante comprendía que a esta altura había que romper con todo lo establecido sobre el Encapotado para llamarle la atención a los lectores, no digamos ya lograr las astronómicas ventas pretendidas por los ejecutivos de la editorial. Y así, tras una intensa investigación, dibujó diez páginas de la relectura más impensable del Paladín Enmascarado.
Cuando terminó de mostrar las magníficas planchas que había dibujado, un silencio lúgubre se apoderó de la enmoquetada oficina en el piso 17 de Broadway 1700, Manhattan. “Bueno, es lo único que no se había hecho hasta ahora. Lo único”, se justificó el dibujante. Blasco había convertido a Batman en un cómic autobiográfico. Es decir, un Batman con la cara del propio Blasco. Las primeras páginas mostraban al personaje –o sea, él- yendo al mercado, tomando el subte e incluso dibujando la historieta. Luego, abruptamente la historieta daba un giro y Batman vivía deliciosas aventuras junto a sus amigos Tobi, Memo y Anita, para luego convertirse en una serie de pictogramas medievales sobre molineros y, finalmente, reversionar al Hombre Murciélago como si éste fuera una lámpara que –como buena lámpara- no se movía ni hablaba durante exactamente ciento sesenta y dos viñetas. “¡Ustedes me pidieron una relectura! Más relectura que esto imposible”, casi gemía Blasco.
Los editores no podían decir que Blasco no hubiera cumplido con el encargo: efectivamente, esta relectura de Batman era completamente original, única, inesperada y, muy probablemente, terminaría con todos los Batmans hasta el momento y también con la franquicia y sus altos cargos y salarios. Por supuesto, tomaron la decisión que suelen tomar los norteamericanos en estos casos: Seguir adelante con el programa hasta el final aunque terminaran en la puta calle, pero de ningún modo cometer el sacrilegio de saltearse una etapa de un Master Plan.
No se puede decir que la serie haya resultado un fracaso. En realidad, no se puede decir nada en absoluto porque tras analizar la reacción del público (se ha hablado de accesos de psicosis colectiva e incluso casos de combustión espontánea) decidieron lanzar otra serie, diseñada por un equipo de psicólogos de la CIA, que a través de efectos ópticos especiales y mensajes subliminales muy específicos se encargó de borrar de la memoria de todos los lectores, de la sociedad y del propio autor todo recuerdo de los 17 números que se llegaron a lanzar al mercado (lo que no obstó para que le dieran a Blasco una contundente patada en el culo).
Y ese es el motivo, tal vez, de que el “Batman de Blasco”, la lectura más audaz del personaje, no se cite en polémica alguna.
Uno de los momentos más emocionantes del Batman revisitado por Simon Blasco
Por algún motivo, sin embargo, se obvia en estas discusiones la mención de la relectura que en el 2004 hizo el dibujante y guionista Simon Blasco. Debido a la brusca caída en las ventas que sufrió -entre el 14 y el 21 de julio- una de las 1.578 series que protagonizaba el personaje (“The Purple Sword of Batman”), los ejecutivos de la editorial decicieron que era hora de darle un “aggiornamiento” al personaje, una audaz movida que no se hacía desde mayo. Con no modestas pretensiones, pidieron a Blasco que hiciera con Batman lo que nadie había hecho hasta ahora, que le diera un tratamiento completamente nuevo tanto desde lo visual como desde el relato, que realizara un Batman que terminara con todos los Batmans de la historia y en lo posible que elevara las ventas un 430 %, cifra necesaria para cumplir con los objetivos del año fiscal.
Semejantes presiones (por no decir nobles miras artísticas) pusieron un poco nervioso al autor. Durante algunas semanas realizó cientos de bocetos, pero le parecía que estaba repitiendo fórmulas anteriores. Prácticamente todo parecía haberse hecho con el quiróptero: Desde mostrarlo como un anciano psicópata y violento a convertirlo en un parapléjico psicópata y violento, llevarlo a la época de los piratas, hacerlo pelear junto a Tarzán o un simpático duende, dibujarlo en estilo Manga o recuperar el espíritu “camp” psicópata y violento de la serie de los 60. Blasco se sintió tentado de matarlo, cambiarle el sexo o picarlo por una araña radiactiva, pero no estaba seguro de que no se hubiera hecho.
El dibujante comprendía que a esta altura había que romper con todo lo establecido sobre el Encapotado para llamarle la atención a los lectores, no digamos ya lograr las astronómicas ventas pretendidas por los ejecutivos de la editorial. Y así, tras una intensa investigación, dibujó diez páginas de la relectura más impensable del Paladín Enmascarado.
Cuando terminó de mostrar las magníficas planchas que había dibujado, un silencio lúgubre se apoderó de la enmoquetada oficina en el piso 17 de Broadway 1700, Manhattan. “Bueno, es lo único que no se había hecho hasta ahora. Lo único”, se justificó el dibujante. Blasco había convertido a Batman en un cómic autobiográfico. Es decir, un Batman con la cara del propio Blasco. Las primeras páginas mostraban al personaje –o sea, él- yendo al mercado, tomando el subte e incluso dibujando la historieta. Luego, abruptamente la historieta daba un giro y Batman vivía deliciosas aventuras junto a sus amigos Tobi, Memo y Anita, para luego convertirse en una serie de pictogramas medievales sobre molineros y, finalmente, reversionar al Hombre Murciélago como si éste fuera una lámpara que –como buena lámpara- no se movía ni hablaba durante exactamente ciento sesenta y dos viñetas. “¡Ustedes me pidieron una relectura! Más relectura que esto imposible”, casi gemía Blasco.
Los editores no podían decir que Blasco no hubiera cumplido con el encargo: efectivamente, esta relectura de Batman era completamente original, única, inesperada y, muy probablemente, terminaría con todos los Batmans hasta el momento y también con la franquicia y sus altos cargos y salarios. Por supuesto, tomaron la decisión que suelen tomar los norteamericanos en estos casos: Seguir adelante con el programa hasta el final aunque terminaran en la puta calle, pero de ningún modo cometer el sacrilegio de saltearse una etapa de un Master Plan.
No se puede decir que la serie haya resultado un fracaso. En realidad, no se puede decir nada en absoluto porque tras analizar la reacción del público (se ha hablado de accesos de psicosis colectiva e incluso casos de combustión espontánea) decidieron lanzar otra serie, diseñada por un equipo de psicólogos de la CIA, que a través de efectos ópticos especiales y mensajes subliminales muy específicos se encargó de borrar de la memoria de todos los lectores, de la sociedad y del propio autor todo recuerdo de los 17 números que se llegaron a lanzar al mercado (lo que no obstó para que le dieran a Blasco una contundente patada en el culo).
Y ese es el motivo, tal vez, de que el “Batman de Blasco”, la lectura más audaz del personaje, no se cite en polémica alguna.
Uno de los momentos más emocionantes del Batman revisitado por Simon Blasco
lunes, 13 de agosto de 2012
martes, 17 de julio de 2012
El Cartoonero: Arquímedes Tomasso, creador de la Dedicatoria Narrada (Fierro 69)
“A los lectores más jóvenes de esta columna les costará creerlo, pero hubo una época –previa a Internet, los blogs, Facebook- donde los dibujantes de historietas prácticamente no entablaban contacto con su público. Así, comunicarle a un dibujante que ‘su última historieta fue una reverenda garcha’ o que ‘una vergüenza cómo se vendió al kirchnerismo’ o tal vez que ‘cómo se vino abajo, antes era bueno, no entiendo por qué no me publican a mí en vez de a este chantapufi’ no se podía hacer a través de un ‘comentario’ virtual, sino que había que escribir una carta (en papel, y llevarla al correo, con todo el trabajo que ello implica) a la revista donde publicaba, o tal vez averiguar su dirección y allegarse hasta ella, con el riesgo de que el dibujante lo golpeara.”
La otra alternativa, claro, era verlo en alguna convención o feria de historietas. El “fanboy”, cohibido por hallarse en un lugar lleno de gente tal vez no podría darse el gusto de decirle a su héroe que “lo que está haciendo es una basura inmunda, debería retirarse de una vez, todos sus premios, publicaciones y honores me corresponden moralmente a MÍ! ¡A MÍ! ¡A MÍ!”, pero sí podría llevarse una dedicatoria del artista.
Esta iría acompañada por un “dibujo genérico”: Un dibujo del personaje fetiche del historietista, que multiplicaría por mil en una tarde, con tres variantes consecutivas, para que cada admirador se sintiera único y especial si se comparaba con el admirador de adelante o el de atrás.
La única excepción de esta “técnica” es tal vez la de Arquímedes Tomasso, mítico dibujante de Columba, encargado de dibujar los magníficos guiones de Robin Wood para la serie “Ameyaltzin, el Azteca”. Tomasso se tomaba el trabajo no sólo de realizar un dibujo único y personal para cada admirador sino que, a través de cada dibujo estaba inaugurando un género historietístico –y tal vez artístico- único en su especie: El “Relato Dedicado”. Cada dibujo-dedicatoria era, en realidad, una viñeta que formaba parte de una extensa historieta, que podría leerse entera si se recopilaran las 80.000 dedicatorias que realizó a lo largo de cuarenta años de trabajo hasta su repentina muerte debido a un ACV, en el año 1986 (con la sola particularidad de que al pie de cada viñeta figura la frase, por ejemplo, “para Corcho, con afecto, Tomasso”).
Una “Graphic Novel” revolucionaria
“Aparentemente Tomasso utilizó este recurso para contar las historias de Ameyaltzin, el Azteca, que Wood no quería contar. Y de paso, para difundir su ideología de izquierda revolucionaria, en una época donde era imposible expresarla públicamente”, cuenta Andy Pertierra, coleccionista, que a lo largo de veinte años de investigación logró juntar más de ¡diecisiete dedicatorias de Tomasso, incluso dos de ellas consecutivas! En ellas se ve a Ameyaltzin sirviéndose un cuenco de agua, y en el siguiente, bebiendo; una está dedicada a un tal José María, y la otra a su colega Dalfiume. Entre la fecha de una y la otra median seis meses, lo que da cuenta de la premeditación y planeamiento con que Tomasso estaba produciendo la historieta.
Pertierra agrega: “Me di cuenta de la trapisonda de Tomasso cuando analicé la dedicatoria que me hizo en la Feria de Lobos del año 1979. Además de la dedicatoria que amablemente me hizo –“Para Andy, con afecto, Tomasso”- Ameyaltzin figuraba en mitad de un discurso donde hablaba de la lucha de clases, la plusvalía y los medios de producción, conceptos que no terminé de entender hasta que cursé ‘Problemas Filosóficos’ en el CBC muchos años después. Comprendí que este parlamento –que además terminaba con puntos suspensivos- era parte de otra cosa, de algo más grande”.
¿Estaria intentando Tomasso enviar un mensaje en clave al lector de historietas argentino? ¿Tendría la esperanza de que sus admiradores se conglomeraran y luego de armar el rompecabezas se sintieran inspirados por su mensaje y se lanzaran a la lucha armada contra la dictadura militar? Esta última intención se desprende de una de las dedicatorias encontradas (“Con afecto, a Pelusa & Roberto, de su tío el ‘Arqui’”), en la que Ameyaltzin, desde lo alto de una pirámide habla frente al pueblo azteca y dice “¡Compañeros! ¡No olvidemos las enseñanzas del Che y la Revolución cubana! ¡Es hora de enfrentar al brazo armado de la oligarquía y el imperialismo mediante la lucha armada! ¡Es ahora o nunca! ¡Hasta la victoria siempre!”
Debido a la particular forma de compaginación elegida por Tomasso, es casi imposible leer el cómic completo. Sólo nos queda imaginar cuál hubiera sido el destino de la Argentina si su mensaje hubiera llegado con más claridad a los miles de lectores de historietas de su época, y especular si éstos hubieran dedicado a la causa revolucionaria la furia con la que discuten cuál es el traje más guachi de Linterna Verde.
La viñeta pertenece a una secuencia donde Ameyaltzin explica cómo hacer un Kalashnikov de fabricación casera
La otra alternativa, claro, era verlo en alguna convención o feria de historietas. El “fanboy”, cohibido por hallarse en un lugar lleno de gente tal vez no podría darse el gusto de decirle a su héroe que “lo que está haciendo es una basura inmunda, debería retirarse de una vez, todos sus premios, publicaciones y honores me corresponden moralmente a MÍ! ¡A MÍ! ¡A MÍ!”, pero sí podría llevarse una dedicatoria del artista.
Esta iría acompañada por un “dibujo genérico”: Un dibujo del personaje fetiche del historietista, que multiplicaría por mil en una tarde, con tres variantes consecutivas, para que cada admirador se sintiera único y especial si se comparaba con el admirador de adelante o el de atrás.
La única excepción de esta “técnica” es tal vez la de Arquímedes Tomasso, mítico dibujante de Columba, encargado de dibujar los magníficos guiones de Robin Wood para la serie “Ameyaltzin, el Azteca”. Tomasso se tomaba el trabajo no sólo de realizar un dibujo único y personal para cada admirador sino que, a través de cada dibujo estaba inaugurando un género historietístico –y tal vez artístico- único en su especie: El “Relato Dedicado”. Cada dibujo-dedicatoria era, en realidad, una viñeta que formaba parte de una extensa historieta, que podría leerse entera si se recopilaran las 80.000 dedicatorias que realizó a lo largo de cuarenta años de trabajo hasta su repentina muerte debido a un ACV, en el año 1986 (con la sola particularidad de que al pie de cada viñeta figura la frase, por ejemplo, “para Corcho, con afecto, Tomasso”).
Una “Graphic Novel” revolucionaria
“Aparentemente Tomasso utilizó este recurso para contar las historias de Ameyaltzin, el Azteca, que Wood no quería contar. Y de paso, para difundir su ideología de izquierda revolucionaria, en una época donde era imposible expresarla públicamente”, cuenta Andy Pertierra, coleccionista, que a lo largo de veinte años de investigación logró juntar más de ¡diecisiete dedicatorias de Tomasso, incluso dos de ellas consecutivas! En ellas se ve a Ameyaltzin sirviéndose un cuenco de agua, y en el siguiente, bebiendo; una está dedicada a un tal José María, y la otra a su colega Dalfiume. Entre la fecha de una y la otra median seis meses, lo que da cuenta de la premeditación y planeamiento con que Tomasso estaba produciendo la historieta.
Pertierra agrega: “Me di cuenta de la trapisonda de Tomasso cuando analicé la dedicatoria que me hizo en la Feria de Lobos del año 1979. Además de la dedicatoria que amablemente me hizo –“Para Andy, con afecto, Tomasso”- Ameyaltzin figuraba en mitad de un discurso donde hablaba de la lucha de clases, la plusvalía y los medios de producción, conceptos que no terminé de entender hasta que cursé ‘Problemas Filosóficos’ en el CBC muchos años después. Comprendí que este parlamento –que además terminaba con puntos suspensivos- era parte de otra cosa, de algo más grande”.
¿Estaria intentando Tomasso enviar un mensaje en clave al lector de historietas argentino? ¿Tendría la esperanza de que sus admiradores se conglomeraran y luego de armar el rompecabezas se sintieran inspirados por su mensaje y se lanzaran a la lucha armada contra la dictadura militar? Esta última intención se desprende de una de las dedicatorias encontradas (“Con afecto, a Pelusa & Roberto, de su tío el ‘Arqui’”), en la que Ameyaltzin, desde lo alto de una pirámide habla frente al pueblo azteca y dice “¡Compañeros! ¡No olvidemos las enseñanzas del Che y la Revolución cubana! ¡Es hora de enfrentar al brazo armado de la oligarquía y el imperialismo mediante la lucha armada! ¡Es ahora o nunca! ¡Hasta la victoria siempre!”
Debido a la particular forma de compaginación elegida por Tomasso, es casi imposible leer el cómic completo. Sólo nos queda imaginar cuál hubiera sido el destino de la Argentina si su mensaje hubiera llegado con más claridad a los miles de lectores de historietas de su época, y especular si éstos hubieran dedicado a la causa revolucionaria la furia con la que discuten cuál es el traje más guachi de Linterna Verde.
La viñeta pertenece a una secuencia donde Ameyaltzin explica cómo hacer un Kalashnikov de fabricación casera
lunes, 16 de julio de 2012
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