martes, 22 de mayo de 2012
lunes, 14 de mayo de 2012
El Cartoonero: Ayrton Galíndez, el Peor Editor del Mundo (Fierro 67)
Hubo una época en que los dibujantes de historietas veían a la figura del Editor como el mismísimo Demonio, como una mezcla de Lex Luthor con Ebenezer Scrooge y el Sr. Burns; un ser mezquino, despiadado y envuelto en las llamas de la Codicia, cuyo único objetivo en la vida era degradar y exprimir a los pobres artistas, seres nimbados con un aura de Digno Sufrimiento y que soportaban cualquier tipo de maltrato debido a un explosivo cóctel de impotencia y Amor al Arte. Hoy, que el editor es un bien más bien escaso, se lo idolatra, mima y se le ofrecen favores sexuales gratuitos, por supuesto sin abandonar el aura de Digno Sufrimiento, la impotencia, etc. etc.
Pero no hablemos de estas tristes épocas, sino de aquella en la que ser Editor era un negocio y un oficio, con su carga de noblezas y miserias como todo lo que vale la pena en este mundo; y en esa época podían convivir representantes del éxito como Andrés Cascioli, Guillermo Divito y Alfredo Scutti con miríadas de profesionales del ramo que más o menos se las arreglaban, pero que existían. Y entre aquellos sobresalió Ayrton Galíndez, que llevaba el dudoso galardón de “Peor Editor del Mundo”.
Galíndez, nacido en Porto Alegre, hijo de un emigrante argentino y una barista gaúcha, había vuelto a la Argentina en 1972 en busca de sus raíces. Fanático del cómic (o “quadrinhos”) desde siempre, inició una pequeña editorial gracias a una herencia. Como muchos emprendedores, sus comienzos fueron desastrosos; el gran mérito de Galíndez fue mantener este estado de comienzo desastroso durante los veinte años que duró su empresa. Galíndez publicaba a cuatro colores obras en blanco y negro; se equivocaba con las medidas, llegando a partir al medio una historieta comprada a precio de oro al mismísimo Hugo Pratt (cuyos originales, además, logró extraviar en el camino); apostaba el grueso de su distribución a lo largo y a lo ancho de la Patagonia santacruceña; y por supuesto, jamás logró pagarle a sus dibujantes a término, peleando con medio mundo y viviendo de juicio en juicio y de amenaza en amenaza.
Entre las hazañas de Galíndez se cuenta una revista llamada “Yum-Yum”, de formato apaisado, donde republicaba historietas compradas (aunque se sospecha que las levantaba sin más) al King Features y “versiones en historieta de personajes exitosos del momento, fueran Carozo y Narizota o Scooby-Doo, por supuesto sin r ningún tipo de permiso de sus creadores originales y dibujadas por principiantes que reclutaba en la puerta de la escuela de Garaycochea. “Yum-Yum” era un conjunto de abortos gráficos. Hasta el número 16, las historietas se imprimieron espejadas. Cuando Galíndez se dio cuenta de este error, lo corrigió, pero fue peor, porque entonces los lectores comprendieron que, además, las hojas solían estar desordenadas, o repetidas, o con “aportes creativos” del propio editor, que consideraba que los parlamentos originales no se entendían bien; por lo general los diálogos reescritos por Galíndez estaban en un portuñol espantoso. Estos aportes, como algunos retoques sin sentido encajados en cómics de Barney Google o Alley Oop, pueden leerse como un Arte en sí mismo. En una escena, el cavernícola Alley Oop (rebautizado “Hipólito” por el brasilero) está por noquear a un tiranosaurio que amenaza a su novia. Seguramente a Galíndez se le terminó el material o las páginas de la revista, porque al cuadro siguiente Alley Oop dice algo así como “Voy embora al Polo Norte, ¡adiéus!”, y se lo ve, medio mal dibujado sobre la foto de un cohete. Incluso se adivinan unos pegotes de Plasticola.
Cuando Galíndez empezó a tener problemas económicos hizo cualquier cosa con tal de seguir adelante. Una de sus últimas invenciones consistió en aprovechar el sobrante del papel en el que se imprimía “Yum-Yum” -que ya estaba confeccionada con otro sobrante- para lanzar “Yum-Yum Grande”. Este “meta-sobrante” medía un metro y medio de largo por veintitrés milímetros. Por supuesto, para publicar el material debía deformarlo y destrozarlo hasta volverlo completamente ilegible. Ni hablar de lo complicado que era comercializar estos “chorizos” de papel en los kioscos, que lo rechazaban por no saber dónde ponerlo. “Yum-Yum” subsistió hasta el número 172 e intentar leerla es una de las tareas más ingratas y enloquecedoras que puedan imaginarse. Hoy en día, sin embargo, se considera a Galíndez al nivel de los grandes vanguardistas, como Lucio Fontana, que desgarraba el lienzo con un punzón; tal vez sea así. En todo caso, si grandes artistas son aquellos que saben convertir en virtud sus limitaciones, Galíndez no es ajeno a este grupo, ya que tenía limitaciones para dar y repartir.
Barney Google, una obra maestra del cómic, tal como se veía en "Yum-Yum Grande"
Pero no hablemos de estas tristes épocas, sino de aquella en la que ser Editor era un negocio y un oficio, con su carga de noblezas y miserias como todo lo que vale la pena en este mundo; y en esa época podían convivir representantes del éxito como Andrés Cascioli, Guillermo Divito y Alfredo Scutti con miríadas de profesionales del ramo que más o menos se las arreglaban, pero que existían. Y entre aquellos sobresalió Ayrton Galíndez, que llevaba el dudoso galardón de “Peor Editor del Mundo”.
Galíndez, nacido en Porto Alegre, hijo de un emigrante argentino y una barista gaúcha, había vuelto a la Argentina en 1972 en busca de sus raíces. Fanático del cómic (o “quadrinhos”) desde siempre, inició una pequeña editorial gracias a una herencia. Como muchos emprendedores, sus comienzos fueron desastrosos; el gran mérito de Galíndez fue mantener este estado de comienzo desastroso durante los veinte años que duró su empresa. Galíndez publicaba a cuatro colores obras en blanco y negro; se equivocaba con las medidas, llegando a partir al medio una historieta comprada a precio de oro al mismísimo Hugo Pratt (cuyos originales, además, logró extraviar en el camino); apostaba el grueso de su distribución a lo largo y a lo ancho de la Patagonia santacruceña; y por supuesto, jamás logró pagarle a sus dibujantes a término, peleando con medio mundo y viviendo de juicio en juicio y de amenaza en amenaza.
Entre las hazañas de Galíndez se cuenta una revista llamada “Yum-Yum”, de formato apaisado, donde republicaba historietas compradas (aunque se sospecha que las levantaba sin más) al King Features y “versiones en historieta de personajes exitosos del momento, fueran Carozo y Narizota o Scooby-Doo, por supuesto sin r ningún tipo de permiso de sus creadores originales y dibujadas por principiantes que reclutaba en la puerta de la escuela de Garaycochea. “Yum-Yum” era un conjunto de abortos gráficos. Hasta el número 16, las historietas se imprimieron espejadas. Cuando Galíndez se dio cuenta de este error, lo corrigió, pero fue peor, porque entonces los lectores comprendieron que, además, las hojas solían estar desordenadas, o repetidas, o con “aportes creativos” del propio editor, que consideraba que los parlamentos originales no se entendían bien; por lo general los diálogos reescritos por Galíndez estaban en un portuñol espantoso. Estos aportes, como algunos retoques sin sentido encajados en cómics de Barney Google o Alley Oop, pueden leerse como un Arte en sí mismo. En una escena, el cavernícola Alley Oop (rebautizado “Hipólito” por el brasilero) está por noquear a un tiranosaurio que amenaza a su novia. Seguramente a Galíndez se le terminó el material o las páginas de la revista, porque al cuadro siguiente Alley Oop dice algo así como “Voy embora al Polo Norte, ¡adiéus!”, y se lo ve, medio mal dibujado sobre la foto de un cohete. Incluso se adivinan unos pegotes de Plasticola.
Cuando Galíndez empezó a tener problemas económicos hizo cualquier cosa con tal de seguir adelante. Una de sus últimas invenciones consistió en aprovechar el sobrante del papel en el que se imprimía “Yum-Yum” -que ya estaba confeccionada con otro sobrante- para lanzar “Yum-Yum Grande”. Este “meta-sobrante” medía un metro y medio de largo por veintitrés milímetros. Por supuesto, para publicar el material debía deformarlo y destrozarlo hasta volverlo completamente ilegible. Ni hablar de lo complicado que era comercializar estos “chorizos” de papel en los kioscos, que lo rechazaban por no saber dónde ponerlo. “Yum-Yum” subsistió hasta el número 172 e intentar leerla es una de las tareas más ingratas y enloquecedoras que puedan imaginarse. Hoy en día, sin embargo, se considera a Galíndez al nivel de los grandes vanguardistas, como Lucio Fontana, que desgarraba el lienzo con un punzón; tal vez sea así. En todo caso, si grandes artistas son aquellos que saben convertir en virtud sus limitaciones, Galíndez no es ajeno a este grupo, ya que tenía limitaciones para dar y repartir.
Barney Google, una obra maestra del cómic, tal como se veía en "Yum-Yum Grande"
lunes, 7 de mayo de 2012
sábado, 21 de abril de 2012
domingo, 15 de abril de 2012
El Cartoonero: ¡Adiós, “Kong”, adiós! (Fierro 66)
El mundo del cómic se viste de luto: El 27 de marzo nos dejó Al “Kong” Donaldson, leyenda viviente (hasta el 27 de marzo claro) de la historieta norteamericana, creador de Captain Reuben, Horald, Mister Master, Ava Naguilah e infinidad de personajes sin los cuales es muy difícil imaginar la historia del noveno Arte. Contaba con 103 años de edad.
Su partida ha dejado no un vacío, sino un verdadero cráter en la cultura del último siglo. Esta vez esta sección quiere rendir homenaje a Donaldson publicando las palabras de grandes protagonistas de la industria yanqui del comic-book que lo conocieron y admiraron:
“Con la partida de ‘Kong’ muere un enorme pedazo de la industria. Trabajé con él y desde el primer momento me impresionaron su creatividad, su libertad artística y su imponente contextura fìsica. No puedo decir que lo haya conocido mucho, ya que tenía un carácter difícil de penetrar y hasta de sobrellevar, como los grandes artistas. Salve, ‘Kong’, y sigue dirigiendo las peripecias de Captain Reuben desde el Cielo” (Stan Lee, guionista)
“Aún recuerdo la primera vez que vi entrar a Al a la editorial. A pesar de que sólo contaba con 14 años, sabía cómo imponerse, y más teniendo en cuenta sus 1.95 de estatura. Lo que le faltaba de técnica le sobraba de ímpetu, personalidad y seguridad en sí mismo: a los seis meses de trabajar como entintador de Bob Siegel ya había conseguido que le dieran un título, y no tanto por su talento –que lo tenía- como por su perseverancia y capacidad de persuasión” (Benjamin Duntz, ex editor de High Standard Comics)
“¡‘Kong’ era un caso único! No era especialmente buen dibujante, ni un excepcional guionista. Pero lograba transmitirle algo a sus cómics que los hacía increíblemente populares, algo difícil de definir o incluso de percibir. Yo mismo, que trabajé con él como fondista durante seis años en mis comienzos, nunca supe apreciar del todo su obra, que vista de un modo racional y objetivo parece increíblemente torpe. Pero un autor que ha logrado tanta repercusión está sin duda dotado de un genio muy especial” (Neal Adams, dibujante)
“Ahora que Neal lo dice, yo tampoco supe discernir muy bien el valor de Dopnaldson. Cuando era un chaval leía sus cómics y me parecían vomitivos, pero algo particular tenían, ya que un montón de gente que conocía hablaba de ellos con un entusiasmo increíble. Uno de esos artistas notables que uno debe reconocer –aunque sea para no enredarse en discusiones interminables- que ‘aunque no me guste, no se puede decir que sea malo’. En fin.” (Simon Bisley, dibujante)
“Es interesante lo que dice Simon, es interesante, muy interesante. Tengo que decir que durante los treinta y siete años que ‘Kong’ trabajó en DC mi vida fue una pesadilla. A mí me daba la impresión de que dibujaba con la polla, pero eso no se podía decir en voz alta. En primer lugar por el consenso generalizado acerca de su ‘particular talento’, y en segundo lugar porque ‘Kong’ tenía mal carácter. Muy mal carácter. Una vez quise señalarle alguna incoherencia en el guión de un Horald y no la pasé nada bien. Nada bien. Paró el ascensor donde estábamos viajando y.. (Pausa) No la pasé nada bien, nada bien.” (John-John Errugola, ex Secretario de redacción de DC)
“Mi trabajo con él no duró ni una semana. La fuerza física de ‘Kong’ era legendaria. No sólo era capaz de borrar con una goma los trazos de tinta, o de romper el papel por la fuerza que le imprimía: ¡DEJABA RAYONES EN EL TABLERO! Con la goma. Lo sé porque se me ocurrió elogiar cómo estaba vestida su hermana, que vino a visitarlo, y acto seguido, con una mirada bastante torva, me mostró lo que era capaz de hacer. Borrando una línea dejó un surco de arañazos en mi tablero, que parecía que hubiera sido atrapado entre los dientes de una jauría de chacales. No fui más, ni siquiera me atreví a buscar mis cosas.” (Jim Steranko, dibujante)
“Era un perro. Un perro sucio, maloliente y salvaje. Los abusos físicos que tuve que soportar mientras trabajé con él me dejaron traumatizado de por vida. La excusa podía ser un pincel sucio, o un parachoques mal bocetado. En cuanto a su ‘particular talento’, entiendo que pasaba noches enteras amenazando personalmente a familias de toda la Costa Este para que compraran sus asquerosos cómics. Es la unica explicación de su popularidad. Nadie me cree debido a mi condición, pero quiero recordar que estoy internado donde estoy debido a los años de maltrato de ‘Kong’. Escupo sobre su tumba y ojalá que se queme en el Infierno.” (Samuel Goldberg, ex ayudante de Donaldson)
Un artista que despierta pasiones y polémicas; pero que sin duda tiene un lugar de algún tipo en el panteón del cómic, y cuyo calificativo de “genio” es indiscutible, sea éste aplicable al caso que nos ocupa o no. ¡Adiós, “Kong”!
Con la partida de "Kong" Donaldson, Mr. Master no volverá a a manipular mentes
Su partida ha dejado no un vacío, sino un verdadero cráter en la cultura del último siglo. Esta vez esta sección quiere rendir homenaje a Donaldson publicando las palabras de grandes protagonistas de la industria yanqui del comic-book que lo conocieron y admiraron:
“Con la partida de ‘Kong’ muere un enorme pedazo de la industria. Trabajé con él y desde el primer momento me impresionaron su creatividad, su libertad artística y su imponente contextura fìsica. No puedo decir que lo haya conocido mucho, ya que tenía un carácter difícil de penetrar y hasta de sobrellevar, como los grandes artistas. Salve, ‘Kong’, y sigue dirigiendo las peripecias de Captain Reuben desde el Cielo” (Stan Lee, guionista)
“Aún recuerdo la primera vez que vi entrar a Al a la editorial. A pesar de que sólo contaba con 14 años, sabía cómo imponerse, y más teniendo en cuenta sus 1.95 de estatura. Lo que le faltaba de técnica le sobraba de ímpetu, personalidad y seguridad en sí mismo: a los seis meses de trabajar como entintador de Bob Siegel ya había conseguido que le dieran un título, y no tanto por su talento –que lo tenía- como por su perseverancia y capacidad de persuasión” (Benjamin Duntz, ex editor de High Standard Comics)
“¡‘Kong’ era un caso único! No era especialmente buen dibujante, ni un excepcional guionista. Pero lograba transmitirle algo a sus cómics que los hacía increíblemente populares, algo difícil de definir o incluso de percibir. Yo mismo, que trabajé con él como fondista durante seis años en mis comienzos, nunca supe apreciar del todo su obra, que vista de un modo racional y objetivo parece increíblemente torpe. Pero un autor que ha logrado tanta repercusión está sin duda dotado de un genio muy especial” (Neal Adams, dibujante)
“Ahora que Neal lo dice, yo tampoco supe discernir muy bien el valor de Dopnaldson. Cuando era un chaval leía sus cómics y me parecían vomitivos, pero algo particular tenían, ya que un montón de gente que conocía hablaba de ellos con un entusiasmo increíble. Uno de esos artistas notables que uno debe reconocer –aunque sea para no enredarse en discusiones interminables- que ‘aunque no me guste, no se puede decir que sea malo’. En fin.” (Simon Bisley, dibujante)
“Es interesante lo que dice Simon, es interesante, muy interesante. Tengo que decir que durante los treinta y siete años que ‘Kong’ trabajó en DC mi vida fue una pesadilla. A mí me daba la impresión de que dibujaba con la polla, pero eso no se podía decir en voz alta. En primer lugar por el consenso generalizado acerca de su ‘particular talento’, y en segundo lugar porque ‘Kong’ tenía mal carácter. Muy mal carácter. Una vez quise señalarle alguna incoherencia en el guión de un Horald y no la pasé nada bien. Nada bien. Paró el ascensor donde estábamos viajando y.. (Pausa) No la pasé nada bien, nada bien.” (John-John Errugola, ex Secretario de redacción de DC)
“Mi trabajo con él no duró ni una semana. La fuerza física de ‘Kong’ era legendaria. No sólo era capaz de borrar con una goma los trazos de tinta, o de romper el papel por la fuerza que le imprimía: ¡DEJABA RAYONES EN EL TABLERO! Con la goma. Lo sé porque se me ocurrió elogiar cómo estaba vestida su hermana, que vino a visitarlo, y acto seguido, con una mirada bastante torva, me mostró lo que era capaz de hacer. Borrando una línea dejó un surco de arañazos en mi tablero, que parecía que hubiera sido atrapado entre los dientes de una jauría de chacales. No fui más, ni siquiera me atreví a buscar mis cosas.” (Jim Steranko, dibujante)
“Era un perro. Un perro sucio, maloliente y salvaje. Los abusos físicos que tuve que soportar mientras trabajé con él me dejaron traumatizado de por vida. La excusa podía ser un pincel sucio, o un parachoques mal bocetado. En cuanto a su ‘particular talento’, entiendo que pasaba noches enteras amenazando personalmente a familias de toda la Costa Este para que compraran sus asquerosos cómics. Es la unica explicación de su popularidad. Nadie me cree debido a mi condición, pero quiero recordar que estoy internado donde estoy debido a los años de maltrato de ‘Kong’. Escupo sobre su tumba y ojalá que se queme en el Infierno.” (Samuel Goldberg, ex ayudante de Donaldson)
Un artista que despierta pasiones y polémicas; pero que sin duda tiene un lugar de algún tipo en el panteón del cómic, y cuyo calificativo de “genio” es indiscutible, sea éste aplicable al caso que nos ocupa o no. ¡Adiós, “Kong”!
Con la partida de "Kong" Donaldson, Mr. Master no volverá a a manipular mentes
sábado, 7 de abril de 2012
domingo, 1 de abril de 2012
Tapa de la revista "¡Suélteme!" nº 5
Visita al arcón de los recuerdos: La tapa que hice para la "¡Suélteme!" nº 5, allá por el año del jopo (1999, para ser más precisos).
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