jueves, 14 de febrero de 2013

El Cartoonero: ¡Larga vida a Bollini! (Fierro 75)

¡Cumple nada menos que 100 años el gran Bollini y el mundo del humor gráfico se viste de fiesta, tanto más en este casocuando el creador de tiras ya legendarias como Y entonces le dije… y ¿Y por casa cómo andamos? sigue lúcido, en actividad y con más trabajo que nunca!

Cuando otros dibujantes, víctimas del cansancio o los deterioros del tiempo ya se asumen retirados o directamente seniles, Américo Gerardo Bollini no sólo continúa con su habitual ritmo de actividad (recordemos que Bollini tiene el impecable récord de ser el único dibujante con cinco tiras diarias simultáneas, tres de ellas en en el mismo diario y en la misma página) sino que suma una nueva novedad nacida de su inagotable fuente de cratividad: La tira Despacio que estoy apurado, donde refleja, una vez más, los vicios, delicias y contradicciones de los argentinos.

“Les propuse la idea a los del diario y les gustó”, explica con la sencillez de los grandes el centenario dibujante. “Ahora ya tengo cuatro tiras en la misma página, ¡sólo espero que la gente no se canse de mí!”, murmura con modestia. Si bien quién sabe si su deseo será factible de cumplir (el correo de lectores del matutino El Vocero está atiborrado de cartas e intimaciones donde se reclama casi con desesperación que se jubile al artista lo antes posible), es digna de admiración la energía del provecto humorista, que hace decir, incluso a sus más encarnizados detractores, “qué bárbaro llegar así a esa edad”, o “parece que hizo un pacto con el Demonio”, o bien “yerba mala nunca muere”.

“El Viejo es un caso único”, sonríe, no sin algo de amargura, el talentoso dibujante Borianski, convocado hace unos meses por El Vocero para preparar una tira “en caso de que la Naturaleza siga su curso normal”, como le explicara un jefe de redacción que prefiere permanecer en el anonimato. “Con el entusiasmo dibujé como trescientas tiras –que no puedo publicar en otro lado por un tema contractual- e incluso me adelanté a sacar un crédito hipotecario”, explica el joven historietista, “pero se ve que hay Bollini para rato. Es un caso único, un caso único”, repite, ya sin visos de sonrisa alguna.

Un reemplazo anunciado

Con menos filosofía aún se lo toma Catuchu, el sexagenario creador de Morrulio & el Sapo, cuyo contrato con El Vocero terminó abruptamente hace unas semanas. “Me dijeron que mi tira estaba un poco demodée, y no va que al otro día me entero que en mi lugar pusieron otra tira del fósil impresentable ese. Una vergüenza. No sé cuántas veces hizo ya el chiste de la mina tetona y la caja fuerte. Que te quede claro que les estoy metiendo un juicio de aquellos”. El chiste de la pechugona y la caja fuerte que menciona Catuchu, es menester decirlo, ha aparecido en diversas ocasiones en sus cinco tiras tradicionales (incluso en una de ellas apareció a razón diaria durante unos quince días) y por lo que se puede ver en la primera semana de Despacio que estoy apurado, amenaza con no resignar protagonismo.

“Es posible que después de ochenta y tres años de trabajar en esto me repita una y otra y otra vez, pero son los gajes del oficio, le pasa a todo el mundo”, explica Bollini con su tonito de exasperante humildad, para luego lanzar un inesperado dardo: “Lo que pasa es que algunos no se bancan que uno tenga más de un éxito, que pueda perdurar en el tiempo, y sobre todo, no me perdonan la amistad que me une con ‘Yoyo’ Días Sierra” (fundador de El Vocero, que por estos días sopla noventa y ocho velitas). Una amistad mucho más importante que cualquier prurito profesional o saber dibujar Photoshop o esas cosas de los pibes de ahora”, amaga con indignarse el anciano.

Pero, ¿alcanza con una amistad personal para explicar el por qué los anticuados chistes de suegras, cajas fuertes, oficinistas y efemérides de Bollini continúan impregnados en el imaginario colectivo de los lectores argentinos? “Yo creo que sí”, dice S., un dibujante que prefiere mantener el perfil bajo. “No los lee nadie. El tipo es uno de los más grandes responsables de hundir el género en el país, hay todo un estudio hecho al respecto, con cifras y testimonios y todo. Y no te hablo de la generación de dibujantes agazapada que está esperando que la palme, incluyendo muchos que ya se les pasó el cuarto de hora y tuvieron que dedicarse a la publicidad por culpa del Gilgamesh de mierda este.”

Polémicas, egoísmos, cuñas y miserias personales aparte, lo cierto es que el gran Bollini no detiene su marcha; un ejemplo de dedicación al trabajo, pasión y genética envidiable que todos deberíamos imitar. ¡Que su ejemplo de perseverancia nos ilumine por siempre!

O, en las palabras levemente alucinadas de Borianski: “No se muere más. Es un caso único, un caso único. No se muere más. No se muere más (llanto)”


A sus 100 años, el Maestro Bollini casi que conserva su firme y personal trazo

martes, 5 de febrero de 2013

Mi Problema con las Plumas Guillot

Tengo el siguiente problema, que incluso de solucionarse me condena a la autodestrucción:

Resulta que el único elemento con el que me siento a gusto para dibujar es la pluma Guillot n° 170. Como los colegas sabrán, dejaron de fabricarse hace unos 15 años (excepto para un librero CHANTA con el que hablé el otro día que me quiso convencer de que “no están entrando, por lo de Moreno”), por lo que mi única manera de procurarlas es recibirlas en herencia de dibujantes fallecidos o rastrearlas en viejas librerías de barrio, que suelen tenerlas en pequeñas cajitas de acrílico transparente, a su vez guardadas en un viejo cajón de madera; pero siendo un bien finito y escaso, tengo la sensación de que estoy jugando una carrera contra oponentes invisibles, dibujantes que también hacen este rastreo paralelamente, sin que sepa yo quiénes o cuántos son. Cada vez que uno de mis adversarios encuentra una pluma (¡y me la quita a MÍ!!!), siento el el alma un frío metafísico e intolerable (como un Frodo Bolsón del dibujo), el dolor de un nuevo hachazo que sufre mi futuro profesional. Si no me llenara de angustia sería apasionante.

Siento estos triunfos de mis inasibles contrincantes como especialmente injustos, ya que probablemente ellos sean más dúctiles para dibujar. Tal vez se manejen bien con el pincel, el plumín o el Rotring o una porquería de ellas, mientras que yo soy una especie de discapacitado del dibujo, sufriendo una dependencia atroz de las Guillot 170 (que además deben ser nuevas y estar en perfecto estado para que yo sea capaz de manejarlas).

Pero hay algo peor; aunque TODAS las plumas Guillot del Universo me fueran entregadas personalmente, sé que estas no duran eternamente, y menos aún en mis manos, debido a mi estilo bestialista de dibujo. Una pluma que a un dibujante más refinado (por ejemplo un Minaverry) le podría durar doce meses, a mí no me aguanta ni cuatro.

Por lo que en este caso, además de la carrera invisible contra mis adversarios (a quienes confío en convencer, algún día, de que me den todas a mí. Porque soy bueno), estoy compitiendo en una carrera contra el tiempo: es decir, mi única esperanza es que la última pluma Guillot en existencia se me termine de destruir pocos días antes de mi muerte. ¿habrá suficientes plumas en el mundo para aguantarme unos cuarenta o cincuenta añitos? (tengo genes longevos)

PD: Agradeceré la colaboración de un matemático o estadístico de esos que hacen gráficos, que pueda dibujar la “curva de las plumas Guillot”, donde “X” sea la cantidad de plumas restantes, y “Y” la cantidad de años que espero vivir. No espero descubrir nada especialmente viendo esta curva, pero me gustaría dibujarle encima unas hormiguitas, o un elefante patinando.